''el mar borra por la noche. la marea esconde. es como si no hubiera pasado nunca nadie. es como si no hubieramos existido nunca. si hay un lugar en el mundo en el que puedes pensar que no eres nada, ese lugar está aquí. ya no es tierra, todavía no es mar. no es vida falsa, no es vida verdadera. es tiempo. tiempo que pasa. y basta''
A. Baricco

martes, diciembre 17

En parte se habían consumido,
se habían ido transfiriendo a las cosas.
Les ocurría una crisis en los márgenes,
desarmándose se entremezclaban.

Ni siquiera les advenía el frío,
ese que delimita las magnitudes
que discrimina la mundanidad
caminaban recortándose, definiéndose

aún si hubiera habido humedad -novatos del concepto-
esa que tensiona los miembros
con el piso, las paredes, los troncos, las espinas
que fusiona la materia

los límites se transversalizaban

todo era pegajoso
las sustancias se espesaban
en una danza erótica, alucinante
tomaban colores, intensos

comprendían sensualmente
que se reconocían en una dimensión alterna
vaciándose y llenándose de Otros

eran un organismo
la comunidad se expresaba poco
y sin embargo no precisaban geometrías discursivas.

tocar a otros
-incapaces de segmentarse del todo-
era manosearse uno mismo y otro y la tierra

la alteridad se rompía
                                                  
el tiempo ejecutaba su obra
mostrándoles cómo se derramaban los segundos
cómo se consumía el fuego
cómo vibraban las hojas

el sonido en efecto
se producía por el choque de volúmenes.
no importaba que fuesen ruidos,
silencios
palabras
cómo explicar que la piel
se comunicaba,
los músculos,
la madera, los caballos.

articulaban el grito universal -saliente de un no-lugar-
sumergiendo la intensidad en el agua.
aprendían cada objeto como materialización del recuerdo

Les preexistía el cuerpo.



Ellos eran los primeros hombres y se estaban conociendo.






lunes, diciembre 16



Sos un bosque

Dicho esto, mucho silencio.
soñé que me decía qué hermosa tu boca cuando sonreís.
y tu piel naturalmente suave.
a falta de palabras sólo oía cómo sacaba el humo por la nariz, la boca.
todo el mundo afuera intentando colarse por las aberturas
ejercía una presión descomunal sobre nuestros cuerpos sentados mudos.

era una sentencia.
un consuelo victimario.

no entendía si él lograba verlo.

el vacío de adentro vibraba con el entre nosotros.
acérrimo.

el beso que nos dimos fue único y en el mismo instante, olvidable.



realidad



soy mas grande ahora, sin duda mucho más grande y justo tengo anteojos.